Muchas veces he escuchado una máxima que dice más o menos así: Cuando las cosas van mal todos se acuerdan de Dios y de su Ejército, una vez todo mejora se olvidan de ellos.

Pues si, nuestros soldados han sido abandonados y eso es traición. Los hemos dejado solos, inermes a merced de una justicia politizada en la que se tejen tenebrosos complots urdidos por los enemigos de las FFMM. Se amangualan con reconocidas ONG expertas en montajes, apoyados por ciertos políticos, de la misma línea, que se valen de testigos falsos, de fiscales y jueces infiltrados (algunos penetrados ideológicamente) dentro del aparato de justicia, y logran condenar a aquellos oficiales y suboficiales que se destacaron en el servicio por ser quienes mejores resultados han mostrado contra la subversión narco-terrorista.

Esto se ha denunciado por muchos varias veces, sin embargo a pocos parece interesar esta situación. Muchos se han dejado convencer de que nuestro Ejército comete atrocidades y creen que equipararlo con la guerrilla es lo correcto. Nada más alejado de la realidad, si bien es cierto, los llamados “falsos positivos” existieron, deben ser tratados como casos aislados y castigar a sus responsables, pero es una falacia infame generalizar recordemos que la responsabilidad penal es individual.

Estos casos no son todos los que dicen y nunca fue una política del alto mando ni de los gobiernos de turno. Así pues, la cifra actual de más de 15.000 militares con procesos jurídicos, muchos de ellos ya en la cárcel, es una preocupante demostración de que los enemigos están ganando la guerra en el campo jurídico, la que no pudieron ganar en el campo de combate. Esto afecta principalmente la imagen de la institución y la moral de combate de nuestros soldados.

Un ejemplo desgarrador, es el caso del Coronel Hernán Mejia Gutiérrez, quien habiendo sido condecorado y declarado como el “Mejor Soldado de América” y hoy está preso. Condenado valiéndose de falsas acusaciones, hechas por un suboficial que quiso vengarse (Y lo logró), pues en tiempos en que Mejía fuera comandante de una unidad operativa menor (un batallón) lo denunció porque el bandido vendía armas y municiones, robadas al Ejército, a los diferentes grupos delincuenciales.

Así se hace justicia hoy en Colombia, se condena solo con los testimonios de los más tenebrosos bandidos que quieren obtener rebajas de pena, a quienes se les da una asombrosa credibilidad, de esta forma se da de baja a los mejores hombres en armas y por analogía ahora la aplican a políticos “incómodos” para los amigos de la izquierda radical..

El Coronel Mejía Gutierrez acaba de publicar su libro “Me niego a arrodillarme” en el cual narra sus hazañas épicas, revive con excelente narrativa las angustias del soldado en las situaciones extremas de la guerra y cuenta al final el desazón, dolor y rabia que le produce la tragedia a la que ha sido arrastrado y el infierno en que han convertido su vida. Su relato devela como fue traicionado por sus superiores, como el gobierno le dio la espalda y espera que Colombia no se olvide de él. Este libro es un valioso testimonio sobre cómo por intereses políticos, se utiliza la justicia como arma de guerra y se está dispuesto a condenar a otros, como son capaces los políticos de desechar a un hombre valioso como precio para facilitar intereses políticos mezquinos. Dicho sea de paso, el libro ha estado entre los más vendidos y en menos de 2 meses ya va por su segunda edición.

Esta y otras muchas historias circulan de boca en boca en las filas del Ejército y pueden obtenerse de primera mano con los afectados por estas patrañas. La mayoría de ellos hombres de honor que su único pecado fue servir con lealtad y entrega a la defensa de nuestra patria enfrentando con valor la amenaza terrorista. La estrategia, ideada por las FARC y por el partido comunista, quienes no pueden negar que fueron sus fundadoras y hoy aún mantienen gran afinidad y objetivos comunes, es escalofriante. Es una estrategia mortífera.

Ustedes se preguntarán ¿y para que?, la respuesta es que las FFMM son la única barrera que tienen entre ellos (el comunismo) y la democracia, el único obstáculo que hay en Colombia que impide que logren conculcar la libertad y la democracia. La estrategia, también llamada “guerra jurídica”, viene siendo utilizada igualmente para acabar con los enemigos políticos de la izquierda, contra opositores y periodistas, críticos y defensores de la democracia y la libertad.

La amenaza es real y aterradora, solo hay que mirar al subcontinente, mirar hacia los países del sur, que aunque hubieran derrotado al terrorismo, hoy gobiernan los exguerrilleros y los militares están en las cárceles.

Y nosotros tan tranquilos!! Si seguimos así, ya no tendremos Ejército al que acudir, solo nos quedará Dios, pero él no interviene para enderezar nuestro rumbo, él nos deja que lo enderecemos solos. Cuando nos queramos dar cuenta ¿habrá tiempo de enderezarlo?