La revista Kien&Ke, de Bogotá, publicó el 5 de febrero de 2015 una entrevista (1) de David Baracaldo Orjuela con John Carlin, un periodista británico que trabajó algún tiempo en Sudáfrica y Centroamérica. Carlin, quien estuvo en Cartagena en días pasados, es el autor de un libro sobre Nelson Mandela intitulado El factor humano, obra que inspiró la película Invictus, de Clint Eastwood.

El título de la entrevista de Baracaldo retoma una frase de Carlin la cual, sin embargo, resultó ser un tanto demagógica y exagerada: “En Sudáfrica sacrificaron justicia para no perpetuar el dolor”.

Carlin habló, en efecto,  del proceso de paz en Sudáfrica y subrayó que éste había sido un éxito y que podía servir, por lo tanto, de ejemplo para el proceso de paz en Colombia.  “El secreto de la solución pacífica en Sudáfrica fue sacrificar la justicia para no perpetuar el dolor”, remató Carlin.

El mensaje era muy claro: sacrificar la justicia tiene muchas ventajas. Sin embargo, esa visión de Carlin es cuestionable. En primer lugar, el británico dijo en su entrevista cosas horribles sobre las víctimas de los países que tienen graves conflictos internos. Su frase más violenta al respecto, de franco desprecio por las víctimas, fue: “Esas víctimas no pueden ser las que condicionan el futuro del país. Hay que ser un poco frío, incluso cruel si se quiere, para obtener el beneficio de la mayoría”. Es decir, las víctimas son un obstáculo en un proceso de paz y por eso deben ser dejadas de lado por las mayorías. ¿Es eso lo que queremos en Colombia?

John Carlin olvidó contar, por otra parte, la fase oculta del llamado proceso de paz en Sudáfrica. En el país de Nelson Mandela, el proceso de paz desembocó en una situación muy negativa que explica gran parte de las tensiones políticas y sociales de hoy: la impunidad benefició a una cierta minoría de opresores y la justicia transicional fracasó pues fue incapaz de perseguir a los peores agresores no amnistiados. De los 7 000 pedidos de amnistía que hubo al comienzo de ese proceso sólo 900 fueron admitidos. Hoy en día, las organizaciones de víctimas siguen exigiendo las compensaciones que les prometieron y no les cumplieron. Y muy pocas de las 250 recomendaciones de la Comisión Verdad y Reconciliación fueron puestas en práctica. Peor: la directiva  de Mandela sobre las reparaciones a las víctimas no fue siquiera apoyada por los partidos políticos de su coalición.

Carlin le dijo a Baracaldo, sin ser cuestionado por éste, que “Sudáfrica hoy es un país en paz”.  Falso. Las tensiones raciales siguen hoy muy vivas  y las violencias de todo tipo dentro del campo mayoritario también se han agudizado. La masacre de los obreros en huelga de la mina de platino de Lonmin en Marikana, a manos de la policía sudafricana, en 16 de agosto de 2012,  es un ejemplo de lo que pasa en ese bello país. Ese día, treinta y seis mineros murieron, 80 quedaron heridos de gravedad y otros 259 fueron arrestados. Muchos de los mineros recibieron balazos en la espalda y en la cabeza. Fue una masacre a sangre fría ordenada por un gobierno dirigido por un presidente y unos ministros negros. El gobierno del Congreso Nacional Africano (partido de Mandela) y de sus aliados del Partido Comunista Sudafricano (SACP), apoyados por el Sindicato Nacional de Mineros, había decidido reprimir violentamente esa huelga pues estaba afectando los intereses de una compañía minera importante.

Una semana después de la matanza, el presidente sudafricano Jacob Zuma (antiguo miembro de buró político del Partido Comunista) fue a presentar sus condolencias a las familias de los muertos y heridos. Los trabajadores no quisieron escucharlo.  Un año más tarde, la “comisión de investigación” nombrada por Zuma ignoraba quienes había sido los responsables de la matanza.

Conclusión: John Carlin fue a Colombia contar historias cojas sobre la “paz” en Sudáfrica y sobre el famoso “proceso de paz” que fracasó aunque  recibía el impulso del mismo Nelson Mandela y tenía como marco jurídico la cuestionada “justicia transicional”, la misma que pretende orientar el proceso de paz de Santos con las Farc.

Durante su paseo por Cartagena, John Carlin parecía más interesado en hacer propaganda santista sobre el llamado proceso de paz en Colombia que en contar toda la verdad de lo que ocurrió en Sudáfrica, país que dice conocer muy bien. El problema es que allá las víctimas fueron defraudadas por el proceso de paz. Algo que podría ocurrir también en Colombia si la sociedad civil y las fuerzas armadas no abren los ojos sobre los planes que algunos están tramando en La Habana.

(1).- http://www.kienyke.com/politica/en-sudafrica-sacrificaron-justicia-para-no-perpetuar-el-dolor/