Miguel Posada Samper, el presidente de la Federación Verdad Colombia, de Bogotá,  quien ocupó además importantes cargos en el sector industrial y financiero colombiano, acaba de morir en Estados Unidos de una enfermedad fulminante que no le dio tiempo sino para reunirse por última vez con sus hijos y otros familiares. Ello deja un vacío inmenso entre los ciudadanos, grupos, tendencias y partidos que luchan por las libertades y la continuidad democrática de Colombia.

El súbito descubrimiento de su enfermedad, y su muerte en Portland el 3 de febrero pasado, es una noticia que aflige a quienes tuvimos el honor de conocerlo. Mi amistad de tantos años con Miguel fue  el resultado de afortunadas coincidencias políticas, intelectuales y morales sobre Colombia y su indomable voluntad de seguir siendo una nación libre y soberana.

La desaparición de Miguel invita a reflexionar acerca de cómo podríamos ampliar y reforzar, en este periodo tan complicado que vive Colombia, el combate por las causas y los ideales en los que Miguel Posada Samper siempre creyó.

Alertar, informar, escribir y persuadir al más grande número de compatriotas  es una labor esencial en estos momentos. Sin ceder ante el derrotismo ni ante los espejismos, debemos perseverar en la explicación de los peligros que se ciernen sobre el país a causa de un falso proceso de paz que sirve de velo ocultador de una gigantesca operación de desmantelamiento de la institucionalidad democrática colombiana. Es vital seguir la lucha contra la ideología de capitulación que se incrustó, como una lepra invasora, en el más alto centro de poder de Colombia.

El trabajo paciente de Verdad Colombia, del Centro de Análisis Sociopolíticos, de UnoAmérica y de la emisión radial Novedades, organismos donde Miguel Posada jugaba un papel dirigente como editorialista y organizador, a favor de la libertad en América Latina y de un diagnóstico más exacto de lo que es el “proceso de paz” de Juan Manuel Santos, de sus opacas conversaciones en Cuba con las Farc, el aparato narco-subversivo mayor del continente que miente siempre y sin saber que miente, que mata sin obedecer a otra ley, y que no está dispuesto a negociar nada sino a triunfar por la violencia y el engaño sobre la ruina del Estado y de la sociedad colombiana, era la preocupación más urgente de Miguel Posada Samper. 

Su compromiso y militancia valientes, de todos los días, contra ese proceso degenerativo del Estado y por la libertad y la democracia en Colombia, no serán jamás olvidados. 

Miguel Posada Samper reunía, para utilizar la conocida frase de Antonio Gramsci, “el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad”.  Yo siempre lo vi así, en las entrevistas que tuve con él en Bogotá y París: como un patriota ilustrado que no admitía  la menor nota de desesperanza y que estaba convencido de que la resistencia activa contra todo tipo de totalitarismos, ya sea comunista o fascista, es un imperativo de todo hombre libre, una necesidad moral de los individuos y de las sociedades abiertas, incluso si esa resistencia puede aparecer, en ciertos momentos aciagos, como el actual en Colombia, absurda e inútil.

La labor de Miguel Posada Samper a favor del respeto de los derechos humanos no será ni absurda ni inútil. Por el contrario, los perdedores serán otros. Quienes  llevan el país al caos podrán gesticular y cometer los peores crímenes. Todo eso será inútil. Ellos podrán intimidar a la opinión, dividir y desmoralizar a las fuerzas armadas y de policía, reprimir brutalmente a los activistas y a los líderes democráticos.  Las Farc y sus padrinos extranjeros  podrán llegar incluso, en mala hora,  a controlar una parte del país, gracias a una combinación de maniobras y cataclismos, pero Colombia nunca se rendirá.  Colombia nunca les entregará el poder definitivamente y seguirá combatiéndolos hasta salir adelante y vencedora. Pues el viento de la libertad  y de la democracia representativa se abre paso  en el universo.