Acabamos de ser testigos de un intento fallido crear pánico mundial. Algunos de los principales medios de USA, de Colombia y del mundo en general se lamentaban, rasgaban sus vestiduras y alertaban al mundo de la debacle que se viene con el triunfo de Donald Trump. Realmente muy pocos creyeron realmente al anuncio del Apocalipsis, los mercados, particularmente, mantuvieron su giro normal.

Al principio Hillary Clinton reaccionó bien, no salió a decir que Trump le había ganado con mentiras o que le había hecho trampa, acepto con elegancia los resultados de la democracia, aunque días después decidió decir que perdió por culpa del FBI, quizás asesorada por sus copartidarios “demócratas”.

Aunque las que las reglas de la democracia estén bien claras, es usual que la izquierda no acepte los resultados cuando no le favorecen y trata por todos los medios de deslegitimar los resultados. Por eso no es extraño que connotados periodistas, analistas e internacionalistas, todos de izquierda, se hayan despachado contra los resultados democráticos de las elecciones en Estados Unidos, contra la victoria del NO en el Plebiscito en Colombia (el pueblo los consideró lesivos y se pronunció en contra de los acuerdos con las FARC) y muchos compararon ambas justas democráticas con la acontecida en Gran Bretaña en la que los británicos votaron por su salida de la Unión Europea, el llamado Brexit.

No creo que sean procesos comparables, porque se trata de pueblos con diferentes idiosincracias, costumbres, estaban en juego asuntos bien distintos y los tres cuentan con modelos de estado bien distintos. Pero parece que para algunos hacer un paralelo con una debacle es la forma de conseguir adeptos en la campaña por el miedo y la desestabilización. Hasta mi costilla estaba aterrada con los resultados.

Si no gana el candidato de sus preferencias, o un un plebiscito o referendo no salieron como esperaban, arremeten contra lo que ellos llaman “el pueblo ignorante” ¿recuerdan que alguna vez hablamos de que los autodenominaros intelectuales coincidencialmente son todos de izquierda?¿será una moda o ser de izquierda es lo políticamente correcto? Hágase esa pregunta querido lector y si su respuesta es que no es de izquierda, que no le de pena admitirlo.

Otros se inventan excusas como que la diferencia fue mínima o que “quedamos empatados”, como dijo -el viernes pasado- el Senador Armando Benedetti, haciendo gala del más odioso cinismo, mientras explicaba que los “ajustes al acuerdo con las Farc” estaba listos, que se había dado gusto a todos los sectores, pero que ya eran definitivos.

Paralelamente a que Santos anunciara “los cambios” De La Calle contaba que apenas estaban “ensamblando el texto final”.

En el caso de USA, creo que buena parte de la culpa, de la perdida de Hillary Clinton, la tiene Obama. Tal parece que ni siquiera el voto latino, que se daba por descontado votaría por Hillary y que este la llevaría a la presidencia, NO la acompañó, al menos NO los cubanos que residen en USA, quienes no comparten la posición complaciente de Obama con Raul Castro, a quien le lanzara un salvavidas al reanudar las relaciones, sin exigir nada a cambio, sin contar ni pensar en el pueblo cubano que vive esclavizado bajo la bota oprobiosa de una dictadura de las más atroces de que se tenga noticia.

Muchos otros latinos en USA, también entendieron el guiño de Obama a Santos y a las Farc, como otra de sus perversiones ignorando deliberadamente el efecto de la suspensión de fumigaciones desentendido del incremento de los cultivos de coca que se multiplicaron por 4, en solo 2 años. Esos latinos entendieron como Santos –con la mirada complaciente de Obama- lo hizo para darle gusto a las Farc y para que aquellas firmaran una supuesta y engañosa paz, convirtiendo a Colombia en un narco democracia al servicio del grupo terrorista e instituyendo la impunidad al cartel de la cochina más grande del mundo.

En Colombia ganó el NO a pesar de la increíble campaña multimillonaria por el SI. Ganamos los del NO según parece porque somos muy “ignorantes”. La verdad es que quienes leímos los acuerdos no fuimos capaces de dar ese “voto de confianza” que pedía el gobierno. No quisimos extender un cheque en blanco a Santos y a De La Calle, que aseguraban que ese era “el mejor acuerdo posible”. Tal parece que no lo era, pues ahora están dispuestos a hacer ajustes.

Claro que es bien extraño que hayan logrado convencer a las Farc, en solo 15 días, de aceptar lo que no habían aceptado en 6 años de negociaciones. ¿Raro no? ¿Se estará cocinando el conejo? Al cierre de este articulo, ya empieza a circular el documento denominado “nuevo acuerdo” de paz, habrá que leerlo.

Esa historia de que llevaron a la habana casi 500 propuestas, suena a una de esas trampas donde se diluyen los temas de fondo. El viernes, el Presidente hizo un “resumen” de los cambios a los acuerdos, los cuales –si se miran desprevenidamente- parecen una buena noticia, pero es difícil confiar en tanta belleza, habrá que revisar con atención porque ya hemos escuchado suficientes mentiras. Por ejemplo, desde el lado de los amigos de las Farc, hemos escuchado voces como las de Ivan Cepeda, Alvaro Leyva que contradicen al presidente. Paralelamente hay tuits de Marquez y otros farianos en el mismo sentido. ¿Entonces?

Leeremos y comentaremos los acuerdos, por ahora, solo esperamos que se permitan revisar antes de llamarlos definitivos y que no gane el afán de llegar a Oslo, a recibir el Premio Nobel de la Paz, con un documento firmado sin importar que tan dañino sea para Colombia. Un ejemplo –de última hora- de los comunicadores con afán, El Tiempo en su editorial de hoy domingo, nos pide que no leamos la letra menuda, que confiemos…

En mi caso, no haré semejante idiotez!!