La campaña publicitaria a favor de las FARC, coordinada con el gobierno y con el Fiscal General de la Nación, auspiciada por los medios de comunicación, supone el más grande engaño que se haya gestado contra los colombianos. Son muchos los temas en torno a los cuales gira este engaño, todos encaminados a mostrar a las FARC como los Robín Hood de la modernidad. Veamos las mas recientes patrañas.

Cuando los negociadores de las FARC hacen afirmaciones, ante las cámaras del mundo, en las que dicen que ellos jamás han atacado adrede a la población civil, están mintiendo y los hechos lo corroboran. Sobre este tema he comentado reiterativamente en varias columnas y para no repetir los argumentos basados en hechos los invito a leer la columna “El cinismo de las FARC es ofensivo” publicada en por mi hace algunas semanas.

La ultima puesta en escena, de la comedia de La Habana, se refiere al narcotráfico:

Este grupo guerrillero se apoderó de gran parte de la producción y distribución de la cocaína de Colombia hacia el exterior. El 60% de los cultivos de coca son controlados por las FARC y el 80% del tráfico internacional, que sale de Colombia, es también de esta organización. Esta banda narcotraficante se posicionó desde hace varios años como el cartel de la cocaína más grande del mundo.

Naturalmente esto desvirtúa la pretendida posición de revolucionarios, de grupo político alzado en armas para libertar una nación de alguna dictadura imaginaria. Recordemos que Colombia cuenta con la democracia más antigua del continente. No parece aceptable que en democracia haya revoluciones, eso se justificaba en las antiguas dictaduras del continente y menos aún que se diga que los narcotraficantes puedan ser considerados guerrilleros.

Realmente, aunque ellos persisten en su lucha por el poder, lo que hemos visto es que sus métodos para lograrlo se parecen mucho a los utilizados por antiguos narcotraficantes, como Pablo Escobar, que tuvieron delirios de grandeza y quisieron acaparar la escena política con sus inmensas fortunas. La misma cultura mafiosa, se ve hoy arraigada en estos, los nuevos capos de la droga mundial.

Eso son, grandes capos. Pero hay que ver las imágenes de “grandes señores” que proyectan ante al mundo desde La Habana, cuando los idiotas útiles de la prensa, que secretamente admiran a estos falsos “luchadores”, hacen de caja de resonancia de sus héroes que no son más que el producto de la degradación moral de una sociedad vulgarmente adormecida con la gran comedia. La prensa, en su falso romanticismo, coadyuva a una de las amorales máximas de la humanidad: “el fin justifica los medios”.

Pero mas allá de la vanidad de los hombres y mujeres alzados en armas, envilecidos y cínicamente abanicados por áulicos bien pagos, han picado con este mal como vicho ponzoñoso a quienes ostentan el poder, logrado convencer al Presidente y sus áulicos de que lo harán inmortal ante la historia, pues firmará la paz para dar fin a una guerra de más de 50 años y casi que le pueden prometer el premio Nobel de la Paz, no importa que para ello tenga que traicionar a su pueblo.

Así las cosas, el Presidente saca de la manga, como todo buen tramposo cuando juega póker, su teoría de que el narcotráfico, uno de los delitos más desoladores de la historia moderna, se debe poder considerar como conexo al delito político.

Inmediatamente después, el Fiscal, en algún foro de aquellos a los que le fascina asistir porque se le nota que siente un placer incomparable ante las cámaras de televisión, sale a apoyar la misma teoría y los medios hacen de esta la noticia del año.

Adicionalmente el Fiscal hace gala de sus teorías bien cultivadas desde su militancia en la JUCO (Juventudes Comunistas) donde hizo sus primeros pinos perfecciona la teoría del Presidente afirmando que, si esta actividad fue utilizada específicamente para su revolución, se justifica claramente que el narcotráfico sea conexo con el delito político y anuncia que también se cobijan igualmente a todas las formas de delincuencia, si tenían como fin financiar o apoyar la “legítima revolución” contra el Estado.

Por este mismo camino entrarán en la categoría de conexos el secuestro, el reclutamiento forzado de niños, la siembra de minas antipersona, los niños bomba, las bombas en centros comerciales y todo lo que haya servido a sus fines terroristas para amilanar a los colombianos, delitos que normalmente se llaman de lesa humanidad, porque han sido cometidos contra la población de manera sistemática y con el fin de aterrorizar o exterminar a quienes se oponen a sus fines, lo que los hace terroristas. Tristemente hay que caer en la cuenta que esta palabra se ha eliminado del vocabulario del gobierno, de la prensa y de la Fiscalía.

Por último, dice el Fiscal, que según el Marco Jurídico para la Paz, también conocido como marco jurídico para la impunidad, aún lo delitos de lesa humanidad podrán ser declarados conexos con la rebelión y con ello podrán ser cobijados narcotraficantes y terroristas por igual, para que posteriormente, aun sean condenados a penas alternativas, al cumplir las penas podrán participar en política.