En Colombia no hemos acabado de comprender la guerra de cuarta generación, en la que no se enfrentan dos ejércitos regulares, sino el Estado con grupos violentos y ya se nos vino encima la de quinta generación, cuyos alcances aún son impredecibles. La guerra de cuarta generación, (Fourth Generation Warfare – 4GW) es el término usado por los analistas y estrategas militares para describir la última fase de la guerra en la era de la tecnología informática y de las comunicaciones globalizadas. Ya no se trata de una guerra como la primera y segunda guerras mundiales, por conquista de territorios, sino de una guerra por la  conquista de cerebros, donde nosotros los seres humanos somos el blanco principal. El objetivo ya no es matar, sino controlar. Los proyectiles ya no apuntan al cuerpo, sino a nuestras contradicciones y vulnerabilidades psicológicas. Hoy en día se nos vende una realidad que no existe, mediante el internet y  la televisión que son unos intrusos “imprescindibles”. Mediante la televisión se nos venden cosas innecesarias, fantasías, ilusiones, la nada absoluta y las compramos. Se estima que una persona de 65 años ha visto en promedio dos millones de comerciales, doscientos mil actos violentos, cincuenta y dos días ininterrumpidos de televisión idiotizante cada año. A esa edad ha dedicado nueve años de su vida a estar pegado a un televisor o aparato similar y es posible que dicho lapso se incremente, a juzgar por la facilidad en adquirir celulares con acceso a la red, que captará más idiotas que la televisión. Nos hemos convertido en idiotas, que compran productos, que no necesitan, desde el auto último modelo hasta unos senos turgentes. La guerra de cuarta generación o guerra mediática, es el desplazamiento forzado de la palabra por la imagen que hoy en día es señora y dueña de nuestras mentes.

 De esta guerra se valen los Estados y sus contrapartes, para la conquista del poder, como fin último. Bien lo decía Maquiavelo: “Todos ven lo que parece, pero pocos ven lo que es”; lo que me recuerda ciertos procesos de paz, vendidos muy pulcramente al público ávido de ese bien inmaterial. La televisión manipula los temores del populacho, o ¿acaso usted prestaría sus hijos para la guerra?, ni de fundas, es preferible que nos gobiernen las FARC, claman a una, como en fuente ovejuna los inocentes hijos del pueblo. En Colombia en particular, se nos ha vendido insistentemente, la idea de una subversión que a pesar de estar derrotada en el campo de batalla, sigue tan campante como si hubiera triunfado y que le refriega al pueblo colombiano, sus contradicciones con un supuesto proceso de paz, donde reiteradamente contradicen lo que el gobierno afirma. No reconocen a sus víctimas, no desean pagar un día de cárcel, no entregarán las armas, quisieran que todos sus crímenes los pagaran los miembros de las Fuerzas Militares de Colombia al mejor estilo del M-19 y como un mecanismo de resocialización, piden curules en el congreso, sin el favor del constituyente primario, pues el pueblo sólo les sirve para engañarlo y ponerle bombas en los cuatro puntos cardinales. Pero como dice el refrán popular, no hay peor ciego, que el que no quiere ver. Un feliz día y mucha prosperidad.