Por estos días hemos leído y escuchado gran cantidad de argumentos a favor y en contra de la venta de Isagén. Ha sido, diríamos, una avalancha de opiniones abrumadora en los principales medios escritos y hablados. Fue tal la oposición a esta venta, que llegó a unir en la opinión en contra al Polo Democrático, al Partido Liberal, al Partido Verde, a una parte del partido Conservador y al Centro Democrático.

Particularmente en las redes sociales estalló una gran oposición. Con algunas excepciones, a la gente del común se le veía muy indignada con la sola idea de enajenar una de las empresas más importantes y mejor manejadas del país. Aunque todos han expuesto diferentes tipos de argumentos, los más serios, en mi modo de ver, los expresaron algunos economistas con mucha información y conocimiento de la hacienda pública, unos de derecha y otros de izquierda.

Si analizamos los diferentes argumentos, se observa que predomina la opinión en torno a que la empresa estuvo mal valorada y que por el afán del gobierno no se atendieron las consideraciones anotadas por los expertos: La reciente devaluación del peso frente al dólar y la necesidad de valorar activos ambientales y sociales, parece nunca fueron tenidos en cuenta en los avalúos de la empresa.

Estas erróneas decisiones son detenidas por los congresistas de la Unidad Nacional y funcionarios del gobierno, a quienes los periódicos les publican todo lo que escriben en defensa de las decisiones del gobierno, así no sean columnistas habituales. Algunos de ellos, cuando quieren reforzar sus argumentos, tratan de convencernos de que todos los opositores del gobierno son uribistas y resaltan que Uribe también la quiso vender.

Según entiendo Uribe vendió una parte de la empresa a fondos de pensiones, cooperativas y muchísimos accionistas minoritarios, pero esos recursos se fueron a capitalizar la empresa con el afán de sacarla de la crisis que vivía entonces, situación que le permitió fortalecerse (a la empresa) hasta llegar a ser lo que es hoy, por esa razón fue el primero en oponerse a esta operación desde que Santos hizo el anuncio.

Estoy de acuerdo con quienes defienden la venta del activo, cuando dicen que en manos privadas puede ser más eficiente, pues creo firmemente en la economía de mercado, lo que también se ha llamado el liberalismo clásico (no hablo del Partido Liberal colombiano) “El Estado hasta donde sea necesario y el mercado hasta donde sea posible”. Pero la forma como se ha desarrollado esta operación, deja muchas dudas sobre la legitimidad, la conveniencia y la oportunidad.

En mi alma me molestan varias cosas de esta venta, que no la venta en sí misma sino la forma como se hizo:

La reciente devaluación del peso, que pasó de $1.900 pesos por cada dólar a $3.200, constituye una devaluación del 68%, es decir, Colombia recibió menos pesos debido a la devaluación. El gobierno de Colombia debió, ante esta coyuntura, revisar los avalúos y las recomendaciones o alertas presentadas por los expertos y por la inmensa mayoría de los colombianos.

Tanta mala fe hubo, aparentemente, que se dijo, por parte del gobierno y sus amigos que las utilidades de Isagén solo llegaban a los 80 mil millones anuales sin tener en cuenta la entrada de Hidrosogamoso, para el año 2015, proyecto que consumía muchos recursos pero que al entrar en operación generará un gran salto en ingresos y resultados.

Molesta que no hayan avaluado todos sus activos ambientales y sociales, como lo denunciaron varios expertos entre los cuales vale mencionar a Eduardo Sarmiento y a Iván Duque, de pensamientos políticos contrarios pero ambos coinciden en que no se valoraron aspectos económicos, sociales y ambientales que podrían darle un mayor valor a la empresa.

Molesta por ejemplo, que la justicia esté del lado de la política como aparentemente pasó con el Consejo de Estado. En el pasado impidió la adjudicación del “tercer canal” cuando se pensaba hacer una subasta y al final quedo un solo proponente, otros dos se retiraron –curiosamente-, argumentando que la subasta debería tener varios participantes.

En aquella ocasión había dos grupos económicos interesados en que no apareciera ese tercer canal, al parecer eran los mismos contrincantes retirados, aquella actuación pareció más a un sabotaje y le apostaron a que el Consejo de Estado suspendiera la operación, alegando sustracción de materia, y ganaron. Hoy sorprende como el Consejo de Estado (con nuevos magistrados ternados por el gobierno) dice que la “subasta” de un solo participante es legal y niega las medidas cautelares presentadas contra la venta.

Este bien parece abuso del poder que deja ver el talante de dictador del Presidente: Santos maneja todos los estamentos de nuestro país, con la tan defendida mermelada y con ella logra todos sus propósitos. Es por lo menos chocante esa actitud arrogante que ha adoptado para demoler la constitución para darle gusto a las FARC, pasando por encima de todos los colombianos, haciendo trampa en el camino.

Claro que la infraestructura se necesita e indispensable para el desarrollo. Lo que no suena muy convincente es el beneficio real que los recursos de la venta van a tener en las vías 4G, ya que realmente para esas obras se necesitan más de 50 billones, como lo anunciara Germán Cardona cuando era ministro de Transporte del primer gobierno de Santos. Llevan 5 años repitiéndolo pero de las vías… nada, y 6.5 billones no mueven esa locomotora varada desde 2010.

Claro que ahora se dice que este dinero irá al “apalancamiento” de La Financiera de Desarrollo Nacional (FDN), para esta pueda “apalancar” a los privados (concesionarios de las 4G) con créditos (seguramente blandos), como leía en un artículo, casi poético, sobre las bondades de esta venta, del presidente de la FDN – Clemente del Valle. Cabe preguntarse: ¿si son tan rentables y el riesgo tan razonable, como repiten diariamente en los medios estos funcionarios, las tan cacareadas concesiones, porque no las financian los privados (concesionarios) a través de la banca extranjera y la nacional? Tal parece que esa operación nadie la ha querido financiar y le toca al gobierno asumir todo el riesgo.

Hoy en día son muy pocos los colombianos que aún le creen a Santos, quien tiene como estrategia suprema la mentira y el juego con cartas marcadas. Para mí, personalmente, es difícil creer en que el Presidente respete su palabra en cuanto a que esos recursos serán bien utilizados, ejemplos de malos manejos hay varios, pero los podemos dejar para otro momento. Ya se habla de que los proyectos son muchos más que las 4G, es decir, seguramente esa platica será mezclada con mermelada.