El 15 de diciembre, el gobierno colombiano y el grupo narco-terrorista FARC firmaron un Acuerdo sobre las Víctimas del Conflicto, luego de más de tres años negociando la “paz” en la Habana. Un violinista tocó el “Ave María” y se encendieron velitas blancas en la ceremonia de firmas, en lo que una bloguera describió como “un día de Milagros y Asombro.” Pero la farsa del evento no pudo, finalmente, esconder que el acuerdo no ofrece ni justicia  ni amparo para los millones de víctimas de las FARC – uno de los grupos terroristas más sanguinarios del mundo. Y lo único asombroso es que algunos congresistas estadounidenses lo hayan avalado.

No hubo milagro, por ejemplo, para los niños que permanecen aún en cautiverio como combatientes y esclavos sexuales en los campamentos de las FARC que, según cifras del gobierno colombiano, son unos 2.000; ni hubo milagro para los más de 2.700 secuestrados, según cifras de la ONG ‘Los Que Hacen Falta’. Y no hubo milagro para los miles de desplazados, heridos y muertos por la minas anti-personales que las FARC admite que aún están sembrando –a pesar de un acuerdo sobre el desminado humanitario, que resultó tan falso como lo es el Acuerdo Sobre las Víctimas.

Sin embargo el mismo día en que Santos-FARC anunciaron el Acuerdo de las Víctimas, los congresistas de Arizona Ruben Gallego (Partido Demócrata) y Bradley Byrne (Partido Republicano), y cuatro congresistas más, impulsaron una Resolución en el Congreso respaldando las negociaciones con las FARC y elogiando al Presidente Santos por su “liderazgo”. Al coincidir con el anuncio en la Habana, tal Resolución solo se podría interpretar como un aval del Acuerdo.

Congresista Ruben Gallego

Congresista Ruben Gallego

En efecto, en una declaración enviada por correo electrónico respecto a la Resolución y el Acuerdo, el Rep. Gallego dijo, “El Acuerdo de las Víctimas que se concretó durante las negociaciones colombianas de paz es un paso importante para poner fin al conflicto armado más largo de nuestro hemisferio”.  Agregó que “Aprecio los esfuerzos sinceros por parte del Presidente Santos de asegurar que los derechos de las víctimas a compensación, protección y justicia sean respetados en los diálogos”.

Pero ante el sincronizado anuncio de la Habana junto a la Resolución de los congresistas,  vale la pregunta: ¿Los estadounidenses habrán leído el acuerdo antes de avalarlo? Porque las 63 páginas del Acuerdo de las Víctimas no son una lectura ligera. De hecho, los representantes de víctimas colombianos y expertos en derechos humanos tomaron varios días en analizar el documento antes de llegar a la conclusión que el acuerdo es – en las palabras de José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch para las Américas – “una piñata de impunidad”.

Es una descripción acertada.  Según el documento, los terroristas de las FARC no pagarán cárcel — la mayoría serán amnistiados.  Y aquellos cabecillas que acepten haber cometido crímenes de lesa humanidad – genocidio, reclutamiento de menores, esclavitud sexual, etc. – serán sancionados con servicios en proyectos comunitarios. Y a pesar de la considerable fortuna de las FARC, derivada de ser el principal productor mundial de coca –según la revista Forbes, son el tercer grupo terrorista más rico – el acuerdo no los obliga a pagar ni un centavo a las víctimas.  La reparación la pagará el Estado, con impuestos de las mismas víctimas.

Ruben Gallego and Juan Carlos Pinzón

Ruben Gallego y el embajador colombiano en USA, Juan Carlos Pinzón

Más peligroso aún es que el acuerdo habilita a terroristas responsables de crímenes atroces para participar en política.  Efectivamente, a través de la intimidación y la corrupción, el país podría terminar gobernado por los mismos criminales genocidas que han victimizado al pueblo por décadas.  Este escenario es aún más probable al contemplar que las FARC solo se comprometen a “dejar las armas” y no a entregarlas.

Fernando Vargas Quemba, Director del Comité Nacional de Víctimas de la Guerrilla, establecido en 1991, lo resumió así en una entrevista telefónica el mes pasado: “O perdonamos a las FARC y los coronamos como gobernantes de Colombia, o entonces nos matarán a todos, a nuestros hijos, y a nuestras familias”.

Vargas Quemba ha representado a las víctimas de las FARC a nivel nacional e internacional ante la Comisión

El Dr. Fernando Vargas Quemba, director del Comité Nacional de Víctimas de la guerrilla, es otra víctima de Daniel Coronell

Fernando Vargas Quemba, director del Comité Nacional de Víctimas de la guerrilla

Interamericana de Derechos Humanos durante más de dos décadas.  Debido a esa defensa de las víctimas, en el 2011 fue víctima de un intento de asesinato.  Pero a pesar de ser uno de los más destacados defensores de las víctimas del conflicto, el gobierno en ningún momento ha buscado su participación. Tal vez sea porque los negociadores en la Habana conocen su posición: “La paz nunca se puede construir sobre el cadáver de la Justicia”.

El Acuerdo de las Víctimas es, entonces, contrario a los ideales expresados por el Rep. Gallego, tanto en su Resolución como en su declaración, en las que enfatizó los derechos a justicia y reparación.  Respondiendo a una invitación a esclarecer la discrepancia, en otra declaración enviada por correo electrónico, el congresista esquivó el tema diciendo, “Nuestro papel es apoyar las negociaciones, no criticar la sustancia del acuerdo”.  Respecto a la aparente sincronización entre la Resolución impulsada por los congresistas y el anuncio en la Habana, la oficina del Rep. Gallego explicó en un correo electrónico que había sido una “coincidencia”.

Los Congresistas patrocinadores de la resolución han debido analizar el documento antes de avalar el acuerdo.  El apoyo internacional mal informado ayuda a la bien-montada maquinaria propagandista de Santos y las FARC; pero socava la voluntad de más del 80 por ciento de los colombianos, quienes consistentemente han rechazado la impunidad y elegibilidad política para los terroristas de las FARC, según encuestas Gallup.

Ya es hora de que nuestros congresistas dejen de apoyar la retórica vaga y falsa de la “Paz” y se enfoquen más bien en la esencia de lo acordado en la Habana – que, de ser refrendado, inevitablemente llevará al triunfo de una narco-dictadura en Colombia.