Hoy tenemos que poner en duda que nuestro país sea, a estas alturas, una democracia y que sea un Estado de Derecho. Lo último está cada vez más desvirtuado por la corrupción y el sesgo político de la Justicia. Y lo de democracia, hay que revaluarlo también.

El enorme fraude electoral que acabamos de vivir no es lo que se espera de una democracia. Este no es sino el último capítulo de un proceso que se parece mucho a los que ha vivido Venezuela. Primero vimos una distribución de “mermelada” a rodos a la prensa, para hacer invisible al Centro Democrático. También hubo un descarado engaño a los electores con propaganda maliciosa, como los comerciales de Roy Barreras. ¿Le pasará algo a “súper sapo” por ello? No le pasará nada. Está protegido por su santo patrón. Vimos eso y también la obstrucción a la inscripción del logo del CD. Ahí ya estábamos viendo los tácticas propias del “castro chavismo” para que el ejecutivo tuviera control absoluto del Congreso. Pero por último, con un descarado fraude en 8.000 mesas, queda claro que estamos ante una situación donde tenemos en efecto una dictadura sin control político. Nos anuncian otra reforma tributaria, porque, al igual que en Venezuela, hay que financiar la “mermelada”. ¿Al igual que en el vecino país, el poder lo van a compartir entre el marxismo y los corruptos?

Es ya suficientemente grave que el Congreso no represente a los votantes. Pero lo peor puede estar por venir. Tenemos pronto otras tres elecciones: la revocatoria del inepto Petro, la presidencial y el referendo para validar lo que se acuerde en La Habana. Con fraude, quienes decidirán no serán los ciudadanos, sino quien utilice el aparato electoral para sus fines. Lo que vimos es simplemente un ensayo. El Registrador ya dijo que no pasó nada. Por supuesto, lo mismo dirá en las siguientes elecciones.

Alegan algunos que siempre ha habido fraude, especialmente en la Costa Atlántica, por la compra de votos. No dudamos que haya habido, nuevamente, compra de votos. Eso es evidente. Pero, en esta oportunidad, la cosa va mucho más allá. Simplemente se robaron los votos, además con total impudicia y descaro. Eso es, además, más barato y fácil de administrar que la compra de votos. ¿La cosa se va a quedar así? Probablemente. Se iniciará una “investigación a fondo” que concluirá, dentro de 4 años, que lamentablemente desaparecieron las pruebas. Eso no sería nada nuevo. ¿Cuánto tiempo duró Piedad Córdoba ocupando una curul que no había ganado? ¿Le pasó algo? Luego, mucho después, algo que merecía cárcel, ser parte de las FARC, como lo dice la Procuraduría, quedó solo en la pérdida de la curul, por segunda vez, y en una inhabilidad.

También es grave que la prensa, casi toda ella, le haga el juego a la subversión y a otros oscuros intereses políticos para enlodar la imagen de las Fuerzas Militares, por un lado, y por otro que, por unos cuantos carro tanques de “mermelada”, esté dispuesta a volcar toda su capacidad noticiosa y buena parte de su fuerza editorial, a favor del poder que dispensa el dulce brebaje.

Si el pueblo, que somos todos, pierde totalmente la fe en la democracia, es el principio del fin de la misma. Ojalá la historia no nos diga en unos años que el 9 de marzo de 2014 se dio el puntillazo final a la democracia colombiana. ¿Cómo pasarán los responsables a la historia?